Un paso a la vez


                                                                                                  

                                 Estrecho de Magdalena
Luego de un par de años de cambios extremos como casarme, ser padre, darle la vuelta al mundo, todos esos cambios se volvieron aprendizajes extremos. Es por eso que lleva dándome vueltas en la cabeza las ganas de compartir virtualmente esos pasajes. Puedo y debo empezar a compartir lo aprendido en este camino de exploración. Una auto-exploración que nunca termina. Eso es lo bonito cuando ya uno cree saberlo todo, pam, llegan nuevas preguntas, nuevas cumbres que escalar. 
La verdad es que no soy realmente un amante de la tecnología sobre todo de las redes sociales. Eso es porque veo el poder adictivo y absortivo que ellas tienen. Acepto que hablo a título personal. Sin embargo no puedo negar el gran poder de difusión que pueden tener para transmitir información, saber o en su defecto daño y desinformación. Es una navaja muy fina que puede ser utilizada para herir al más débil, o por el contrario es posible tallar con ella la madera más dura y construir. Este último es mi caso. Elijo construir una maloca, una casa comunitaria del saber. Esa es la  intención de este espacio. Poder dar a conocer el  conocimiento que ha llegado a mi, y de mi llegará al que lo necesite. 
He podido vivenciar como ahora más que nunca es posible destruir al mundo o reverdecerlo con una sola acción. Más que el mundo, a los habitantes (humanos y no-humanos)  que están en ella. Ojo que aquí no pretendo armar un discurso de como vamos a cambiar a la humanidad. Aunque no niego que me encantaría. Yo diría que es un poco narcisista esa idea que podemos cambiar algo mucho más grande que uno. 
En lo que si me enfocaré es en esa posibilidad de reinventarse. Esto es una re-evolución, volver a uno, a los orígenes, a las raíces. Es en la naturaleza y a través de ella donde realmente recibimos toda la información necesaria para poder vivir en armonía con todo lo que nos rodea en total plenitud. Debemos recordar y despertar nuestro origen silvestre. Yo solo pretendo ser eso, esa alarma, ese recordatorio que sirva como despertador para que cada uno salga del sueño que han estado viviendo y puedan empezar realmente a vivir aquí y ahora. Es la revolución silvestre la que te recordará cada vez que sea posible que existe otra forma de vivir, mucho más acorde contigo y con lo que te rodea. 
Tantas cosas por decir, tanto por hacer. Pero no hay apuro, en esta revolución, se empieza por uno. Un paso a la vez. Hablando de pasos, ¿por qué no le dedicamos un momento del día para hacer earthing? Sacarnos esos plásticos asfixiantes, aislantes que llamamos zapatos y caminamos descalzos en el parque, en la montaña, el bosque,  en el pedazo de tierra más cercano. Empecemos por ahí que yo empiezo por acá.

Comentarios