La casa de tus deseos
| Federal, Byron Shire |
Sin darse uno cuenta, empezamos a hacer las cosas por el propósito equivocado. Cuando pensamos en tener una casa, nos aferramos a la idea de la casa (o lo que te venga en la cabeza). Depositamos nuestra felicidad en esa fantasía. Entonces empezamos a trabajar y hacer todo lo necesario para alcanzar esa “felicidad”. Es ahí cuando nos desviamos, nos olvidamos que esa casa solo nos va a servir para que en ella pueda habitar la felicidad, la tuya, de tu familia. Cuando ya la tienes, el tiempo ya pasó y te perdiste tantos momentos que pudiste disfrutar. Ahora que ya estás en esa casa, te das cuenta que esa no era tu felicidad. Que la felicidad estuvo contigo todo el tiempo, pero no la quisiste ver. Es por eso la importancia de cuestionarse el porqué estoy haciendo lo que estoy haciendo. ¿cual es mi propósito? ¿Qué lidera ese propósito?¿ ¿Mi ego o mi corazón? ¿Que carencia, miedo, estoy tratando de cubrir con el?
Querer tener algo, lograr algo no es dañino. Es completamente natural. La idea aquí no es negar esos deseos. Es ser CONSCIENTE de ellos. Saber de donde vienen y si realmente están conectados con tu total plenitud. Muchos de esos deseos, vienen condicionados por toda la publicidad que miras, escuchas, recibes en cada momento. Vienen desde tus padres, maestros, amigos. Vienen de afuera diciéndote que necesitas y no necesitas para realizarte. Esa información llega a ti y se queda grabada en tu cabeza. En tu mente, en esa pantalla que repite una y otra vez esa publicidad haciéndote creer que es real, que la necesitas, que dependes de ella.
Por el otro lado está el corazón, a el no lo engaña nadie. Lo escucha todo, eso si. Siempre receptivo, sabe discernir y solo se conecta con lo que realmente esté a su altura. El corazón son los ojos del cuerpo, sabe lo que es bueno para el. Está sincronizado con tu bienestar total. El corazón no se hace dramas, esa es la cabeza. Si algo no le gusta, lo vas a sentir, una pequeña presión en el pecho, tal vez te falta aire, un punzón en la boca del estomago, mil formas de hacerse notar. Si algo va con el va a vibrar más fuerte, vas a sentir calidez, tus hombros se van a ir hacia atrás, es cuestión de saber reconocer esas señales.
Si seguimos a nuestra cabeza, viviremos en ella. Un pensamiento solo traerá otro pensamiento. Una rueda que no se detiene. Un deseo traerá más deseos. Se creará frustración, tensión constante por atrapar esos incontrolables deseos. Nunca podrás realmente sentarte a descansar en paz. Por el lado del corazón, todo surge de forma espontánea. Te va llevando, es el sentir que te impulsará hacer una cosa o la otra. No existe una dependencia en ella. Es un flujo que podrás observar y disfrutar. No hay nada que controlar. Un placer que surge sin buscarlo.
¿Es la casa lo que quieres? La felicidad no es algo que dependa de alcanzar, algo en particular. Esa creencia basada en obtener, lograr objetivos, te mantendrá en el futuro. Mientras la felicidad ya está en ti, en el ahora. Ahí un poco más abajo de tu cabeza, en tu corazón. El corazón no te pide nada para acceder a ella. El corazón te lleva de vuelta a ella (si se lo permites). La casa no debe ser un objetivo, es un medio, es duras penas uno de los elementos, que si es necesario, surgirá en tu camino. Desde el corazón aparecerá una pulsión que te llevará a ella. No hagas nada y escucha.
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